viernes, 17 de febrero de 2017

Plantas sagradas, medicinales y alimenticias


América es un laboratorio natural, por la diversidad de pisos ecológicos, hay un sin número de plantas que cumplen un papel estético, pero también son parte de la soberanía y la seguridad alimentaria, son parte de la identidad cultural, y de la sabiduría milenaria de los pueblos ancestrales.



En la chacra de los hogares,  de las comunidades, de varios centros educativos e instituciones, no puede faltar el lugar para las plantas que sanan. Cuando hacemos una “agüita” en forma de infusión o tizana,  con estas plantas, se activa la memoria histórica y la tradición oral que rememoran las enseñanzas de la medicina natural, una parte fundamental en la cosmovisión de los pueblos americanos. Las mujeres, las abuelas, las mamas, son un punto importante en la transmisión oral de conocimientos de las plantas. Desde milenios han experimentado y comprobado la validez de la medicina natural.



Hay plantas que sus partes tiene diferentes utilidades, son alimento y medicina; su  raíz, tallo, hojas, y fruto,  sirven para diferentes cosas.



El uso de plantas y la medicina natural, rompen el círculo paciente-enfermedad-médico-industria farmacéutica.  


Es necesario emprender en un censo de plantas medicinales, plantas sagradas, plantas como especias, y plantas comestibles que se utilizan todos los días para una alimentación saludable.


Un sistema de salud debería respetar y complementar las medicinas ancestrales y alternativas con la medicina occidental. Hay ya interesantes propuestas con el “parto vertical de los pueblos originarios” en los hospitales, en donde se utilizan varias plantas medicinales para el parto, pero también para el “post parto”, que en algunos lugares de las comunidades andinas de Ecuador, denominan “Cinco”, una especie de ritualidad milenaria andina que permite "encadenar" a la parturienta y bañarla con las plantas del cerro, después de cinco días.

Algunas plantas medicinas son: Alelí, sábila, apio, sangoracha, borraja, oreja de burro, cedrón, diente de león, escancel, floripondio o guantug, geranio, hinojo, jícama, lirio, llantén, maca, malva, menta, mortiño, nabo, orégano, ortiga, paico, pena-pena, romero, santa María, sauco, tilo, toronjil, verbena, violeta, cacho de venado, chuquiragua, joyapa, ojo de venado, valeriana (Chaski Warmikuna, Gamma-CEN, 2014), manzanilla, manzanillón, guagual, pumamaqui, caballo chupa, shilpalpal, carne humana, san Pedro, uña de gato, sauco, perenjil, cilantro.







Bibliografía
Chaski Warmikuna, Gamma-CEN, (2014), Buscando nuestro lugar en la tierra. Algunas plantas medicinales de Saraguro, Cuenca, Centro Gráfico Saleciano: 17-87



lunes, 13 de febrero de 2017

Quilloac, Cañar, de la soberanía y la seguridad alimentaria


Jacinto Aguaiza y Rafael Alulema, indígenas cañaris, viven en Quilloac, Cañar, Ecuador. Son dos alumnos de la Maestría de Salud de los Ecosistemas de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca, actualmente son profesores del Instituto de Educación Media Quilloac.
 



También ambos son agricultores desde siempre, a pesar de estudiar, nunca dejaron el cultivo de la tierra, acompañando a sus padres y abuelos, desde que eran niños, por eso tienen una vasta sabiduría en esta materia.

Para Jacinto es importante el manejo de los pisos ecológicos porque existen diferentes dinámicas de siembra y cosecha, hay plantas que se adaptan de  diferentes maneras y formas. Para él hay un principio igualitario en la siembra de los alimentos de lugares altos, lugares templados y lugares fríos, con el uso de plantas medicinales. Para combatir infecciones se ingieren alimentos que refresquen al cuerpo, y para calentar el cuerpo por fríos y gripes se toman alimentos considerandos calientes. Hay también ingesta de alimentos en forma de potajes, sopas, y bebidas de acuerdo al ciclo climático: invierno y verano. Por otro hay plantas para las infecciones, como el matico. Pero para tener una buena salud se deben ingerir muchos granos y hortalizas como la yanushca (nabo, poroto, mashua, melloco), o tomar buena chicha que nos alimente, esto para desechar las comidas industriales como arroz, fideos, gaseosas, dice, mientras empuña un pequeño azadón, al frente observamos un reservorio de agua grande construido por toda la comunidad.



Rafael comenta que en el cerro, en el pajonal, (3500-4000 metros sobre el nivel del mar), hay plantas que son consideradas sagradas por su enorme valor al curar y prevenir enfermedades cuando se las ingiere en forma de tizanas, o infusiones. En su casa en Quilloac, en un lugar a la sombra, se secan diferentes plantas como esconsonera, carne humana, chuquira, o chichira.

Para nosotros la chakra es la síntesis de nuestra cultura agraria, pues tiene un ciclo de vida como la de los seres humanos que nacemos, crecemos, y morimos, en la agricultura cuidamos la semilla, preparamos la tierra, cosechamos y agradecemos a la Ashpa (tierra) por darnos de comer, por permitirnos vestir, por permitir el sostén económico que nos permite subsistir. Por eso danzamos, interpretaos músicas, hacemos ceremonias.

La siembra y la cosecha dependen de varios factores como las fases lunares, la humedad del terreno, la lluvia, el viento, y sobre todo hay que sembrar y cosechar con corazón, cariño y agradecimiento. Lamentablemente hoy las nuevas generaciones ya han olvidado las ceremonias de agradecimiento, nos comenta Rafael mientras miramos las semillas de las mazorcas de maíz colgadas, secándose, para ser utilizadas en la próxima siembra.




Hay tanto que remorar en Quilloac, Cañar, como la historia de la cuidadora de los alimentos, la huaca sagrada Mama Zhinzhona; o la llegada del ave Cuibibí en septiembre, anunciado la época de siembra y luego su ida a la laguna Osogoche; también está la búsqueda de tierra en el cerro Turi de Cuenca, considerado pacarina cañari, para después ponerla en los terrenos de siembra en el centro y en los cuatro puntos cardinales, como la cruz chakana; hay otras ceremonias como la de la siembra de las semillas de papa donde practican el Cuy Naña.



Los adultos mayores cañaris, están llevándose a la tumba  esas sabidurías, por eso es necesario rememorarlas, presentarlas en las comunidades, en las ciudades, a los movimientos sociales, a los jóvenes, a los niños, a todos.



Mientras conversamos con Jacinto y Rafael, pensamos en la soberanía y en la seguridad alimentaria con alimentos sanos sin transgénicos, antibióticos, herbicidas, plaguicidas, insecticidas; en el comercio justo entre productores y consumidores sin monopolios de supermercados; en desechar los fármacos para prevenir y curar enfermedades; en el respeto a la tierra, rotando los cultivos y no permitiendo en la chakra el monocultivo; en lo importante que es el agua para las comunidades andinas, no solo para el consumo humano, sino para el riego; también pensamos en la tenencia de la tierra, y en las tierras comunitarias, en la vocación agrícola y pecuaria de Ecuador y las zonas andinas.

La soberanía y la seguridad alimentaria son muy importantes en la comunidad y en la ciudad para alimentarse sanamente. Pero para que existan alimentos saludables se necesita una tierra sana, libre de antibióticos, transgénicos, pesticidas, insecticidas, y herbicidas.




La seguridad alimentaria depende de las condiciones para disponer y acceder a los alimentos,  equidad en los ingresos económicos,  distribución de la tierra, acceso a servicios básicos, agua de calidad para riego, productividad agrícola mejorada, enfrentar a los problemas del cambio climático, optimizar  los recursos naturales locales, y fortalecer las organización comunitaria y urbana.

La seguridad alimentaria ponen enfasis en los productos agricolas locales con un oportuno abastecimiento de alimentos, unas formas de comercialización justas, y el consumo sano y seguro de los alimentos.